La primera infancia: avances y desafíos

El tema de la primera infancia está sobre la mesa. Los avances en esta materia son palpables y responden al empuje y la participación de las organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil, los estudios en la materia, y las tendencias internacionales.

En nuestro país, en el Plan Decenal 2006-2015 se le dio prioridad. Allí se apuntó una línea de concepción del desarrollo infantil temprano como un proceso que incluye varias dimensiones (física, intelectual, social, emocional) y fue reconocido el “enorme potencial educativo de los primeros años de vida”, así como la importancia de la educación temprana como reflejo de lo que implicará posteriormente la experiencia y el involucramiento de los niños y las niñas en el sistema escolarizado. A su vez fue señalada la trascendencia de preparar a las nuevas generaciones de padres y madres, se propuso reorientar el programa de madres comunitarias y de organismos locales afines, y se hizo énfasis en la necesidad de realizar acciones intersectoriales y de ubicar “múltiples alianzas y enfoques complementarios”. En el documento Conpes Social 109 del 2007 quedó también expresada la política pública nacional de primera infancia.

Que la educación a las niñas y los niños más pequeños requiere una atención profesional y especializada es algo que por fortuna ya no podemos poner en cuestión. Ha quedado señalado el camino de reflexión que las autoridades y la sociedad entera debemos recorrer para estar a la altura de lo que los niños necesitan. Por ejemplo, es apremiante que todos los sectores trabajemos mancomunadamente a favor de la primera infancia de modo que garanticemos condiciones de vida que reflejen lo que hace tanto tiempo consagran los derechos en las declaraciones internacionales y en los documentos jurídicos: nutrición, educación, seguridad, identidad y participación ciudadana. El trabajo intersectorial e interinstitucional requiere en algunos casos ajustes, y en muchos otros, hechos concretos y miradas de largo aliento. Por supuesto, exige también liderazgos fundamentados más allá de coyunturas políticas y aspiraciones demagógicas.

Otro reto inaplazable es ahondar en la comprensión y caracterización de la primera infancia como un ciclo de vida completo que va desde la gestación hasta los ocho años y que no se interrumpe ni se dirime con los primeros grados de escolarización; nos urge precisar sus requerimientos de acuerdo con los rangos de edad, basarnos en los avances de la psicología del desarrollo y darle mayor difusión a todo ello en foros y espacios. Así mismo, nos urge indagar y establecer qué tipo de intervención pedagógica específica e intencionada debemos poner en marcha con los niños, y diseñar estrategias ajustadas a las características y desafíos de cada etapa. Es evidente que padecemos la tendencia a concebir y aplicar esquemas escolarizados para la primera infancia, cuando precisamente se trata de introducir concepciones y formas de trabajo distintas y particulares.

Por otra parte, debemos hacer un trabajo muy serio y decidido para capacitar a quienes fungen como cuidadores, buscando que tengan un determinado perfil; ofrecerles una formación que retome y valore lo que ya saben, que lo cualifique, enriquezca y les permita el intercambio de experiencias, la búsqueda de alternativas creativas e innovadoras, y la profundización en la reflexión y el conocimiento sobre las necesidades específicas de los infantes. Y no menor es el desafío de prestar atención a las familias. Es inaplazable que pensemos su papel y tracemos estrategias que permitan el contacto directo y efectivo con ellas, y enriquecer un espacio de reflexión basado en lo que hacen y en cómo pueden mejorarlo.

Pero quizá uno de los mayores desafíos que tenemos como sociedad, es el de reconocer e identificar, de manera auténtica, que las niñas y los niños tienen el estatus de ciudadanos, que contribuyen a construir alternativas para ellos mismos, y que este reconocimiento tiene implicaciones prácticas y expresas en las estrategias y acciones que se planeen y lleven a cabo con y para ellos.

Como conjunto social, necesitamos ver y hacer palpable que los niños son activos en la construcción del conocimiento, y se involucran si tenemos la sensibilidad y la preparación para ayudarlos a hacerlo. Nuestro reto, nuestra labor, es aprender a cuidarlos, formarnos en ello, y ofrecerles un entorno que efectivamente favorezca su desarrollo.

FUENTE: EDUCARED
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